lunes, 26 de marzo de 2012


¨ El nuevo cine latinoamericano tiene que morir¨


Entrevista.
Tras el lanzamiento de su libro ¨Mi cuerpo es una celda¨, a finales del año pasado, en la que hizo popular la figura del escritor caleño Andrés Caicedo en América latina. Alberto Fuguet se va lanza en ristre contra el ¨nuevo cine latinoamericano¨el cual, dice, está cargado de ¨pornomiseria¨. De Colombia rescata el trabajo de Luis Ospina y Ciro Guerra, ¨pero nunca haría ese tipo de películas¨.
El 2008 fue un año maratónico para el escritor Alberto Fuguet. Luego de terminar el libro ¨Mi vida es una celda¨, que gira en torno a la mítica figura de Andrés Caícedo, y de su posterior lanzamiento en el mes de octubre, sus días transcurrieron entre viajes promocionales por buena parte de América Latina, ruedas de prensa, entrevistas para diferentes medios, así, una y otra vez.
Hoy, ocho meses después, y luego de excelentes criticas sobre su obra, su vida parece estar recobrando la calma. Radicado en su natal Chile, Fuguet aceptó la invitación de GACETA para hablar, en Buenos Aires, sobre sus proyectos y sobre su visión del cine en Latinoamérica.

Háblanos un poco acerca de la autobiografía de Andrés Caicedo que acabas de publicar.
Viajé a la ciudad de Cali y allí me dieron una lista de diez mil personas. No estaba interesado en conocer a tanta gente. Me pareció divertido conocer la casa paterna. Mi intención cuando viaje a Cali era recopilar material y finalmente gran parte de lo que usé en el libro lo obtuve en Bogotá, en la casa del cineasta Luis Ospina. Él me dio básicamente el 80% del material que terminé usando. La familia y la hermana de Caicedo tenían mucho menos. De hecho, la hermana mayor de Andrés estaba muy sorprendida con todo el material que obtuve. En ese sentido este libro es bien novedoso para todos.

¿Por qué firmas el libro como editor y montajista?
Para mí, más que un libro sobre Caicedo, es un documental.

Entendemos lo de montajista en el sentido en que recortas y pegas pero, ¿por qué dices que director?
No sé si imprima mi mirada o meta mi mano porque yo no escribí nada. Más bien fue como invocar a Caicedo, ordenarlo, tomar decisiones y ante todo ser fiel a su estética. Yo tuve la idea de que él no saliera en la portada, y que en las fotos apareciera con el pelo lo más corto posible. Un poco para presentarlo en el mundo literario. De entrada, un tipo con el pelo largo que está sujetándose el paquete resulta divertido, pero muy pronto termina por aburrir. Una vez que los jóvenes empiezan a leerlo, llega la crítica a destrozarlo, a decir: ¿quién es este tipo que anda posando así? Además, es muy posible que Andrés no fuera realmente tan “posero”, ni tan guapo, pero está claro que esa foto ayuda para atraer. Mi idea es mostrarlo como yo creo que él era. Un tipo un poco más nerd, inseguro, tímido y bastante mejor escritor de lo que muchos piensan que era. En este libro viene mucho material que muestra a un Caicedo que podía superar su edad. Uno lee ¡Que viva la música! y se nota que está escrito por un pelado. En este libro uno no tiene tan claro qué edad tiene porque demuestra una increíble madurez y una gran capacidad para verse a sí mismo y ver a los demás. Además, hay un montón de cosas que incluso los colombianos no conocen sobre Andrés Caicedo. Encontré mucho material botado por todas partes. En ese sentido, mi libro tiene mucho de “Greatest Hits”; es cómo un disco que recopila.

Dentro del material que obtuviste de Caicedo se encuentran unas cartas que él escribió, ¿acceder a esta correspondencia te revelo algún rasgo de la personalidad de Caicedo que antes no veías en su obra?
Sí, esas cartas me revelaron dos cosas: primero su mirada del cine, y segundo me llevaron a descubrir en Caicedo al primero y tal vez el único cinéfilo latinoamericano. Todo el resto, todo lo posterior que se desprende de él, sea literatura o teatro, fue básicamente porque no tenía otra cosa que hacer o no podía hacerlo. Filmar en esa época no era fácil, no como ahora. Creo que el teatro fue un error de él. Creo que cualquier tipo que le gusta el cine, odia el teatro. Él hizo teatro porque todavía no podía filmar, esto se hace evidente cuando comienza a escribir guiones y a filmar películas. En el fondo, lo que se muestra en este libro es algo que aparece un poco insinuado en ¡Que viva la música! Es decir, esa otra faceta de Caicedo, la de un tipo que leía, que era un nerd, que mentía, que le hubiera gustado ser un salsero. A mí no me gusta mucho ¡Que viva la música!, me parece que esa novela tiene un error muy grave, el narrador debió ser un chico. De hecho, al final, es un chico –es Andrés- el que habla y llama poco menos que a la revolución de los jóvenes.

En la figura de Caicedo hay una especie de frustración por no poder filmar en Cali. El cine en él era una necesidad. ¿Crees que está frustración influyó para que Caicedo tomara la decisión de suicidarse?
Claro, eso marca todo, pero también hay otras frustraciones como la de no ser considerado un cineasta. Lamentablemente, en esa época el cine no tenía la importancia que tiene ahora en Colombia. Eso fue lo que lo llevó a escribir. En la literatura encontró un grado de estabilidad. Estoy seguro que Caicedo, si estuviera vivo hoy, estaría estudiando en una escuela de cine. También, estoy seguro que no se le hubiera ocurrido escribir: ¡Que viva la música! Hubiera hecho una película que se llamaría, ¡Que viva la música!

En algún lado leímos que para ti descubrir a Caicedo fue como una revelación. ¿Acaso encuentras algún tipo de parentesco con él?
Sí, por ejemplo la filia. La idea de entrar a la literatura o entrar al cine como un cinéfilo. Yo siento que me paro ante la vida como un cinéfilo, porque me interesa el cine y me gusta charlar sobre las películas que veo. Y además, entro a escribir porque no puedo filmar. Bueno, pero tampoco soy exactamente igual a él. No tengo el pelo largo. Lo que más me interesa es que este libro le llegue primero a los cinéfilos y después a los que llevamos una sensibilidad medio tristona, distinta, nostálgica. Este no es un libro que diga: ¡si a ti te gusta tronarte todo el día, léeme!

¿Crees que si Caicedo no se hubiera suicidado sería un escritor tan reconocido como lo es hoy en Colombia?
Sí, pero también creo que hubiera sido un cineasta y un escritor relativamente conocido en el mundo. A lo mejor hubiera podido salir de Colombia y ser una especie de Luis Ospina. Y claro, también hubiera publicado libros. Yo creo que Caicedo si estuviera vivo hoy estaría filmando. Él solo tenía tres opciones: suicidarse y estar muerto como lo está ahora; o convertirse en un tipo patético como un amigo suyo que conocí en Cali, borracho a sus 60 años, pobre y sin casa. Alguien muy “cool” pero algo decadente; o en la actualidad sería alguien con blog colaborando para revistas de cine. Creo que estaría filmando en digital. Pero claro, sin duda la muerte y el morbo ayudan.

Tal vez Caicedo con su suicidio quiso poner un punto final a su obra.
Claro, pero en mi libro es el inicio. Parte con una carta de suicidio fallido. Uno termina queriendo a Caicedo y a la vez odiándolo. Pienso que con tanta droga él debió ser alguien muy agotador. Es como el típico amigo, no sé si tú lo tienes, que lo quieres mucho pero lo ves y dices: ¡sabes que man, si se suicida ya es tema de él! Te sientes comprometido pero a la final tienes que elegir entre tú o él. Y eso es lo siento con Andrés, que te hacia la vida muy, pero muy imposible. Y claro también estaba loco. En muchas cosas era obsesivo y compulsivo. También me pareció que era un poco mimado. Nunca fue capaz de romper con su familia. Creo que Cali no era tan atroz como decía él. Sin embargo, a pesar de toda su locura, Caicedo reveló un mundo propio y dijo cosas increíbles.

Hubo toda una generación de escritores en Latinoamérica y sobre todo en Colombia que leyeron a Gabriel García Márquez e intentaron hacer lo mismo. Caicedo leyó a Gabo pero su escritura, su estilo, no sufrió ninguna influencia. ¿Qué piensas de esto?
Caicedo leyó a Gabo y por lo que he leído le gustó pero no se contaminó, eso me pareció increíble. Aquello demuestra que no le interesaba ni la selva ni el folclor. Mi meta con este libro es que ahora haya dos grandes escritores en Colombia, cómo la derecha y la izquierda, que serian Gabriel García Márquez y Andrés Caicedo.

En tu país, ¿qué resonancia tiene Andrés Caicedo?
Muchos periodistas chilenos no sabían nada de Caicedo, ni siquiera sabían que existía la ciudad de Cali. Cuando leyeron este libro les pareció un autor totalmente contemporáneo, santiaguino, porteño. A muchos les cuesta trabajo creer que este libro se haya escrito en Colombia, y en una provincia en esa época. Eso me gusta mucho, demostrar que Caicedo estaba más que globalizado antes que la globalización fuera tema. Era de una provincia y estaba siempre al día con todo el material. Además me gustó que estuviera más interesado en ir a Hollywood que en ir a Barcelona o a Paris. Márquez viajó a Europa y vivió una época súper loca de Godard y Truffaut, y todo eso no está en su obra. Márquez es muy provinciano en todo el sentido de la palabra. Me parece que era alguien que no era capaz de interesarse por el mundo que había a su alrededor, esa es mi opinión. Pero “Cien años de soledad” está bien, es divertido. No me gustaría ser colombiano y que todo el mundo me diga que soy Buendía.

Leímos en tu Blog que tu proyecto cinematográfico “Perdido”, se vino abajo ¿Estamos de luto?
No, de luto no, el funeral ya fue. Ahora vienen nuevas películas, nuevos mundos, nuevas cosas. Me asquea el mundo del sistema. Me parece que tú no puedes ser un “mamón” y estar todo el día preocupado por ir a Róterdam y tratar de tomar un café con la rubia de Austria. Es muy peligroso, sobre todo para ustedes. Me parece que muchos cineastas latinoamericanos han perdido mucho por tratar de ir a Róterdam. Hice un corto que voy a subir a la red, en www.cinepata.com, pero primero lo quiero mandar a unos festivales. Me interesa la red porque es de exhibición gratuita. Este corto me costó mil dólares, lo hice con una cámara de fotos Lumix y el sonido me costó 100 dólares diarios.

 ¿Tenías en mente alguna búsqueda estética al hacerlo con una cámara de fotos o simplemente buscabas abaratar precios?
Las dos cosas. Por un lado no tenía presupuesto y por otro me di cuenta que podía tener mucha onda estética. Mi corto transcurre básicamente en un avión. Filmé con actores mientras estábamos volando. Para mí no es sólo un problema estético sino también un problema de realismo. ¿Cómo vas a reconstruir un avión en un estudio en Latinoamérica? Si en una película de Hollywood te das cuenta que no están volando. Ahora, imagínate con los presupuestos que se manejan en Latinoamérica.

¿Crees que iniciarte en la literatura te ayudo a la hora de hacer cine?
Si, la literatura termino ayudándome. No le tengo miedo al guión. No le tengo miedo al dialogo. Sé lo que hace que un personaje funcione. Por ejemplo, cuando tenía problemas en “Se arrienda” (2005), cambiaba el guión en el set. Además, la literatura me ayudó económicamente. Uno ve muchos directores que tienen problemas y no saben qué hacer desde el guión porque no lo escribieron. Yo creo que es muy importante ser guionista y director, ayuda mucho. No digo que sea una obligación, pero creo que sobre todo en América Latina te facilita mucho las cosas. Ahora voy a hacer una película. Me voy a embarcar en un proyecto raro que no sé si resulte pero estoy dispuesto a vivir la aventura, me atrae. Prefiero arriesgarme en esto, que arriesgarme en ir a Berlín y tratar de seducir a los festivales.
Es algo que vamos a hacer en Iquitos. Me dijeron: ¡te gustaría ir a Iquitos a filmar, te damos el dinero! Yo pensé: ¿porque no? Es como si me invitaran a Cali a filmar. Y creo que no puedo darme el lujo de decir que no. Ahora, estoy muy interesado en hacer pequeñas cosas, sobre todo cuando sé que mi carrera no va a ser como la de un director supuestamente triunfador que consigue grandes prespuestos y co-producciones.

Y cuéntanos, ¿Piensas adaptar mala onda?
Ya hice la adaptación, está el guión pero yo no la voy a filmar, sale muy caro. A mí no me interesa, si a ti te interesa filmarlo, tendrías que hablar con mi agente. A mí en general no me interesa trabajar con grandes presupuestos. Porque me quitan libertad, además es muy desgastante. Yo no filmaría la guerra civil norteamericana, no me interesa estar esperando cuatro mil extras. En cambio si me interesa más filmar un paseo por un museo. Pero eso depende del gusto de cada persona. Por ejemplo yo no haría “La Guerra de las Galaxias”, no podría estar todo el día en un estudio verde.

¿Te gusta algo de lo que has visto de cine colombiano?
Que me guste, no. Mi favorita es la de Luis Ospina. “Agarrando pueblo” (1977), me parece increíble y súper adelantada a su tiempo. Hoy en día hay un nuevo tipo de realismo mágico que en Colombia lo hacen súper bien: la “pornomiseria”. Me molestan mucho estas nuevas películas que son hechas con mucho dinero como “Rosario Tijeras”, (Emilio Maillé, 2005). Ya basta con esas películas. Me gustaría ver une película de alguien que lleva una camiseta de Depeche Mode como la que llevas puesta. Caicedo demuestra que se podría hacer una película triste en Cali. Me parece que no hay una película en Latinoamérica de “chico conoce chica”. Yo tengo unos amigos míos que hicieron una película que se llama: “Boys re-meet girls”, de chicos que caminan por Santiago. La pensamos estrenar muy pronto “on line”. Y para responder mejor tu pregunta, de cine Colombiano me llamó la atención, aunque yo no la haría, La sombra del caminante, (Ciro Guerra, 2005).

¿No la harías porque no te gusta el tema?
Sí, no es mi mundo. Me parece que está bien pero hay un exceso de ese tipo de cine. Me gusta más por ejemplo Ezequiel Acuña, que fácilmente podría ser colombiano o venezolano. No entiendo porque en algunos países insisten con la pornomiseria. Uno podría decirles: “sabes qué man, yo quiero alejarme de la violencia”.

¿Sientes que hay algo específico que el cine logre a diferencia de la literatura?
Sí, pero no tengo muy claro que.

¿Pero, qué es para ti lo que hace esa diferencia?
Yo no me siento un poeta pero creo que algo parecido a la poesía se puede dar en el cine. Como un tono, una tristeza, una cierta estética. Yo puedo hacer cosas de ese estilo más en el cine que en la literatura.

Entonces como lenguaje, ¿Te interesa más el cine o la literatura?
Yo creo que la suma de las dos cosas pero a la larga me siento más de cine. Aunque he tenido mala suerte, partí tarde y partí como escritor. Pero creo que me gustaría meterle cine a mi literatura.

¿Qué directores latinoamericanos te gustan?
Me gusta Ezequiel Acuña, tiene un tono y un mundo propio. También me gustan los que hicieron “Whisky” (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 2004), me gusta Lucrecia Martel la encuentro bastante genial. Aún no he visto “La mujer sin cabeza” (2008), pero me encanta “La ciénaga” (2001) y “La niña santa” (2004). Lucrecia Martel en teoría no trata de nada, pero siempre hay algo detrás que hace pensar que su cine trata de muchas cosas. Me gusta mucho que la gente hable y eso me agrada en las películas de Martel. Sus personajes siempre están hablando puras tonterías que van develando algo más. Yo soy un poco más conservador y el dialogo lo uso para que la gente cambie información, aunque también procuro ocultar información.
A Carlos Reygadas lo odiaba, pero mi impresión es que con “Luz silenciosa” (2007) logró hacer la última película que se puede hacer de ese tipo de cine. Creo que si tú vas a hacer una película “pajera”, silenciosa, que se trata de nada filma Luz silenciosa. Porque es bella estéticamente, es jugada y es loca. Pero si después alguien sale con algo parecido le voy a tratar de hipócrita y de falso. Eso es lo malo de las modas. Si por ejemplo tú empiezas a imitar a Pimpinela yo te diría: ¡tío ya se hizo!

Ahora ha surgido cómo toda una especie de “Boom” de esa clase de cine en Latinoamérica.
A mí no me gusta mucho el nuevo cine latinoamericano, creo que están abusando de eso. Esa clase de cine tiene que morir rápido. Lo bueno es que en América Latina está llena de posibles autores. No me interesa un cine continental, me interesan voces que surgen de un sitio pero que no les interesa hacerse cargo de ese sitio.
Publicado en La Gaceta dominical del periódico El Pais.